Un poco de historia
Cuando los españoles llegaron a América se encontraron con muchas cosas nuevas: la papa, el maíz, el tomate, la mandioca... y el mate. De los habitantes nativos de América aprendieron a beber esta infusión, aunque en un principio estuvo prohibida por los curas jesuitas, que amenazaban con la excomunión a quien osara probarla. Es que sostenían que esa bebida hecha con raíces de "hierbas" era la "ruina de estas tierras, porque hace a los que la toman flojos, holgazanes, sin honra".
Su valor desde el origen
El origen del "idioma" del mate parte del momento en que éste llega a su máximo esplendor, es decir, cuando se lo tomaba en absolutamente todos los estratos sociales y sus "mensajes" se habían generalizado.
Antes de esto, existe una etapa en que todo sucede de manera rural: grandes estancias, caminos solitarios, ranchos aislados o carretas de eterno traqueteo. Era una época donde el ganado era prácticamente bagual y los hombres aún a frente no perdían aspereza , volcados insistentemente a su silencio, siempre acompañados por su mate.
Después algún alto en una posta o en algún gran establecimiento ganadero del camino, y el mate volvía a circular, pero ya desde una óptica distinta. Ya era una mujer quien lo cebaba y ofrecía o circulaba en ronda de trabajadores paisanos que compartían charlas, experiencias y la socarrona alegría del alto en las duras tareas de cada jornada.
Entonces el mate adquiriría el valor de la simpatía, del vínculo cordial de invitación promisoria - cuando era la mujer quien convidaba -, y de franca solidaridad cuando la mateada entre hombres.
Antes de esto, existe una etapa en que todo sucede de manera rural: grandes estancias, caminos solitarios, ranchos aislados o carretas de eterno traqueteo. Era una época donde el ganado era prácticamente bagual y los hombres aún a frente no perdían aspereza , volcados insistentemente a su silencio, siempre acompañados por su mate.
Después algún alto en una posta o en algún gran establecimiento ganadero del camino, y el mate volvía a circular, pero ya desde una óptica distinta. Ya era una mujer quien lo cebaba y ofrecía o circulaba en ronda de trabajadores paisanos que compartían charlas, experiencias y la socarrona alegría del alto en las duras tareas de cada jornada.
Entonces el mate adquiriría el valor de la simpatía, del vínculo cordial de invitación promisoria - cuando era la mujer quien convidaba -, y de franca solidaridad cuando la mateada entre hombres.
jueves, 3 de julio de 2008
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